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24/2/10

Tesoros



Cuando era niña, y mi papá vivía, íbamos seguido a algún Sanborns* que en este momento no recuerdo. En alguna ocasión, vagando entre los pasillos en los que están los juguetes y los duces, encontré una caja metálica azul con rosa en un mostrador, con cara de "llévame contigo". Y así lo hice. Después de mucho rogarle a mis padres, logré que la lata acabara en algún lugar de mi entonces desastrosa recámara, que compartía con mi hermano. Yo tendría a penas edad para contar los años que tenía de vida, y la caja, que cuando la tomé por primera vez del mostrador era enorme, no duró mucho tiempo siendo el centro de mi atención. Fue años después que la encontré, no recuerdo cómo, no recuerdo dónde. Fue una de esas primeras veces que me sentí atacada por la nostalgia. Fue una de las primeras veces que después de años volví a ver algo que había ya olvidado por completo. Y cuando digo "olvidado por completo" me refiero a que no era siquiera un "olvidé", sino un "olvidé que olvidé". ¿Sabes a qué me refiero? esas cosas que ves y sabes que has visto antes pero no recuerdas dónde ni cómo.

(Pausa para salir a fumar)

Después de encontrar la lata pasé al menos una hora de mi vida seleccionando de mi habitación cosas que ya no eran útiles y alguna vez significaron algo para mí. Y a partir de ese día, de vez en cuando ponía cosas dentro que me harían recordar lo que ha sido de mi vida, cosas que no quería olvidar, detalles a veces insignificantes. Llené de recuerdos esa pequeña caja, un scrapbook de objetos pequeños que son ahora mis pequeños tesoros. Momentos, personas, lugares y demás cosas que han ido formando lo que soy y lo que seré. Luego compré un baúl de madera estilo rústico, que hoy contiene esa lata, algunos otros tesoros y la caja de cartón que empecé a llenar cuando sentí que la lata era ya cosa del pasado, y nada que pudiera obtener acabada esa etapa tendría un lugar en el espacio que alguna vez destiné únicamente a almacenar los restos de mi infancia y mi adolescencia. Sólo dos personas conocen el interior de mi baúl y sólo uno de ellos tiene una copia de la llave del candado, que varias veces mi hermano y mi madre me han dicho que parece de juguete (es más bien simbólico). Y así planeo dejarlo.