Había olvidado la sensación que causa el vino. La forma en que mi cabeza parece desprenderse de su lugar, el perder el control de mis dedos y de los cigarros que enciendo. Yo diría que es una sensación dulce, dulce a pesar de los muchos que conozco que dirían que es amarga. No, es dulce. Dulce como el crujir de las hojas debajo de los pies cuando salgo a caminar en un parque en otoño, como la mirada de la luna caer sobre los hombros cuando no la miras. ¿Lo has sentido? Yo sé que si. Lo que no sé es cuántos somos los pocos que sabemos disfrutarlo. Los Locos que tenemos la fortuna o desgracia de saber apreciar el olor a papel viejo de los libros viejos. Los que recibimos las bien merecidas ofensas que solo reciben los llamados "nerds". Los que sabemos que la fortuna no acaba en el vino, ni en un coche, ni en una casa grande, ni en el sabor agridulce de los labios de los amores de una noche. Los Locos que somos capaces de perdernos en las nubes sólo por el gusto de no hacer nada. Los que todo sabemos del aburrimiento es que se arregla con cualquier cosa. Somos Los Locos, a los que un destino infantil y caprichoso negó todos los frutos de la estupidez. Somos nosotros, quienes cambiaremos al mundo, y no ellos. No la gente normal.
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31/1/10
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