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29/4/10

Amigos?

Dolía cuando la gente que odiaba (y me odiaba) decía cosas para insultarme. Pero nunca dolió más allá de la piel y la sangre. Y sí, duele, cuando un casi desconocido grita cosas que sabe que hieren. Pero es peor, mucho peor, cuando es un amigo el que lo hace. Él, que sí sabe qué es lo que te hiere. Cómo, dónde y porqué te hiere. Y hiere en el alma. Eso sí que duele. Pero, ¿Qué hace uno en estos casos? ¿Debo dar la vuelta y caminar adelante como siempre he hecho? No lo sé, tú dime. Lo malo al caso es que me he cansado de huir. Me he cansado de los contactos de msn que jamás pasan de ser direcciones de correo. Borrables. Sustituibles. Intercambiables. Vacías.

Me pregunto si algún día tendré el valor para descargar mi dolor directamente en la ventana de msn... me pregunto si algún día seré capaz de tener amigos normales...

20/4/10

Celebrando

Aaaaaaaaaaaaaaah!!!!!
EEEHHHHHHHHHHHHHHHHHhhh!!!!!!!!!
uuuuUUUuUuuuuuuuuuuuu!!!!!!!!!!!!!!!!
:D :D :D :D :D :D
Veré a Sabina hoy en la noche.

17/4/10

The Big Fish dialogues



I was thinking about death and all.
About seeing how you're gonna die.


I mean, on one hand,
if dying was all you thought about...


...it could kind of screw you up.


But it could kind of help you,
couldn't it?


Because, everything else,
you'd know you could survive.


I guess I'm saying I'd like to know.





Por alguna buena razón está en mi lista de favoritas...
Éste es el diálogo que resume el tema de la película.





Estaba pensando en la muerte y eso.
A cerca de ver como uno va a morir.

Es decir, por una parte,
si morir es todo lo que piensa uno...

... eso podría joder.

Pero eso podría ayudarle a uno,
no es cierto?

Porque, por todo lo demás,
uno sabría que va a sobrevivir.

Supongo que estoy diciendo que quiero saber.

8/4/10

Cómo hablar a los muertos



Encontrado en un blog abandonad que parecía prometedor:

‘¿Cómo hablar a los muertos? ¿Qué decirles mientras se están muriendo? ¿Qué contarles para dejarlos irse, para no retenerlos, unos minutos más, sólo eso? Porque al tratar de hablarles, mientras se van –no quieren irse-, regresan a la memoria las cosas compartidas, las que aferran a la vida. “¿Te acuerdas?” Son ligeros, cada vez más ligeros. Son sólo una caricia leve sobre el rostro, si acaso. Se despiden en silencio. No tienen nada que decir porque, como nosotros, sólo tienen recuerdos de la vida. Se acuerdan. A veces son más fuertes que nosotros. Casi siempre. Se están yendo, se van. Se han ido.
Y hay que dejarlos irse, a los muertos. Tienen un largo camino por delante, muchos días en que serán acechados por desasosiegos, hasta encontrar la luz. Durante ese periodo, según la hermenéutica tibetana, temerán, sobre todo, que los maten los espíritus aterradores que irán apareciendo a su paso, temerán la muerte incluso tras la muerte. Temerán recordar. Y ese día me senté a su lado y, ligero como era ya, empecé a recordarle lo que vería. Le recordé, sobre todo, que los peligros más temidos no podían ya hacerle daño. Hablé a su oído durante el estado intermedio en que los muertos aún escuchan, dice la hermenéutica tibetana. Y en vez de hablarle de los momentos compartidos, del pasado –“¿te acuerdas?”- para que quisiera quedarse, le hablé del futuro que le esperaba porque tenía que irse. Se había ido. Yo le hablaba. Hay que dejar que los muertos se vayan, aunque nosotros nos quedemos. Hay que dejarlos irse, a los muertos.
[...]
Y es que lo terrible de la muerte no es la manera en que nos priva de la presencia de las personas amadas, de su voz; no es tampoco la soledad ni la pérdida de cuerpo en la cual nos sumerge. No. Lo aterrador de la muerte no son los objetos tangibles que deja desperdigados tras su paso devastador –ropas familiares, cartas recibidas, fotografías en desorden, libros subrayados, frascos de perfume a medio consumir... Lo que perturba de la muerte es el modo incierto en que impone el recuerdo, primero como una obsesión, para diluirlo luego, de forma imperceptible, hasta que un día nos desposee por completo de la efigie de los que se han ido.’
Estrella de Diego, Travesías por la incertidumbre, Barcelona, Seix Barral, 2005

1/4/10

Descargando traumas

Hoy en la mañana recordé el día que comencé a fijarme en la ortografía. A decir verdad no tenía mucho tiempo que había aprendido a escribir. En esa época mucha gente pensaba que mi hermano y yo éramos hermanos gemelos. Y realmente no sería ilógico, pues nacimos con poco tiempo de diferencia, tuvimos la misma estatura y complexión hasta más o menos los doce años, hablábamos igual y hasta la fecha compartimos la misma nariz. Sin embargo en mi familia, por parte de mi padre y mi abuela, por ser mujer siempre tuve un lugar inferior al de mi hermano. Siempre fui la más lenta, la más tonta, la que no podía tener cosas de cristal en las manos porque "seguro lo tiras, mejor dámelo". Fue por eso que a tan temprana edad escribir bien fue tan importante. Fue una de las muy pocas cosas que pude hacer bien y sin ayuda de nadie. Fue un letrero que puse en la pecera que decía, con perfecta ortografía, "Los peces también necesitamos comer". Era de esperarse que a todos en casa les sorprendiera que una niña de tan corta edad que a penas había pasado de escribir su nombre supiera poner un acento y las s y las c de manera acertada. Fue años, muchos años después que alguien me hizo ver que en realidad nunca fui peor que mi hermano, que incluso soy más inteligente que él, en otros aspectos de la vida, aunque no sea capaz de hacer una suma mentalmente. Poco antes de que fuera demasiado tarde, me di cuenta de que soy capaz de hacer cosas que él jamás siquiera imaginaría (vanidad a parte).

31/3/10

Primera palabra



Canción elegida al azar por Winamp

En mi mente se arremolinan montones de frases para empezar una historia. Montones de palabras sin ninguna clase de orden, casi ilegibles, todas insonoras. Lo complicado no es ordenarlas, sino elegir la correcta. Han de ser millones las "primera palabra". Cuando pones la pluma sobre el papel, se avientan a la cabeza muchas palabras que se pelean por ser esa "primera palabra". ¿Será que más de una puede ser la "palabra perfecta"?. Estoy segura de que cualquier otro pseudoescritor podría decir "yo hubiera podido encontrar una palabra mejor". Y seguro que sí, seguro que no. Pasa lo mismo con los dibujos, con las canciones. Cualquiera pudo haberlo hecho/dicho mejor. Pero ese ya no es tu problema, pues ellos no lo hicieron/dijeron antes. Es ahí donde está lo subjetivo de la vida. Cualquiera podría vivirla mejor, pero la mía siempre será la única perfecta.
I guess I might be back...