La primera vez que decidí no dormir fue una noche en que mi madre salió con su novio, cuando aún no vivía con nosotros, hace poco más de cuatro años. Pasé hasta las 3 de la mañana escribiendo en el techo de la casa, y luego hasta las 8 en la computadora. Descubrí que un par de mis contactos dormían solo de día, y pensé que sería genial vivir así; sola y de noche. Prácticamente no dormí en dos meses, y fue una de las mejores épocas de mi vida. Luego descubrí lo que era el insomnio... eso ya no era divertido, aunque fue cuando escribí uno de mis mejores poemas y creé cierta obsesión con el tiempo que desde entonces no me deja en paz. Fue también por ese tiempo cuando conocí a alguien que aún ahora me roba el sueño. Entonces jamás se me hubiera ocurrido que algún día me haría falta mi insomnio. Lo extraño, y sé que suena ilógico (yo así lo creería, si no fuera yo). Hay dos noches en particular que recuerdo, a parte de la primera. Una, en la que me quedé a tomar vía msn con un amigo, tenía cigarros de sobra y alcohol suficiente. Fue cuando pensé más seriamente en comprarme una camioneta e irme a vagar por el mundo. La otra noche, fue una de las veces que cierta persona que no me deja dormir, regresó a mi vida (para irse después, pero esa es otra historia). Son muchas las canciones que me han acompañado en mis noches de insomnio, pero son solo dos las que son capaces de mantenerme despierta más de 24 horas seguidas.
27/9/09
23/9/09
Nubes de otoño
Un amigo me dijo que esta canción es "muy yo". Según yo, el video es todavía más "yo" que la canción.
Para mi, hoy comenzó el otoño, no me importa lo que diga el calendario. Es curioso, porque en la mañana me encontré una jacaranda con algunas flores, yo creo que se equivocó de primavera. Una vez un amigo me dijo que las mejores nubes son las del otoño, pero no por eso estoy enamorada de esta época. Algo me dice que las cosas están por cambiar.
6/9/09
A punto de caer
Fue extraño ver la vida evaporarse. La forma en que cambió de "órgano que bombea sangre" a "mi corazón". Hubiera sido más fácil no saber, simplemente pensar "el corazón late muy rápido" en lugar de "paro cardiaco o derrame cerebral en aproximadamente media hora". Me sentí como un suicida cayendo de un quinceavo piso, buscando detenerse antes de llegar al piso. Recordé el fragmento de una canción de Joaquín Sabina; "Cobarde, como un suicida sin vocación", y algo que escribí hace años que se titulaba "tómate un café con la muerte". Y valla plática la que tuve con ella esa media hora. Alguna vez pensé que sería interesante estar a punto de morir, pensé que sería divertido, tener una historia curiosa qué contar, pensé que me haría más interesante, más "madura". Creo que era precisamente ese encuentro el que me hacía falta para darme cuenta de que no sería de esa manera. Muchos me dicen que debería estar feliz de estar viva, y agradecerlo. Me dicen que no me han visto cambiar como se supone que se debería. Y sin embargo no es así. No me refiero a que hubiera preferido morir, pero tampoco lo contrario. El dos de septiembre, a medio día, con el corazón a punto de estallar, me aferré a la vida como nunca pensé que sería posible, como jamás me imaginé que pasaría si un día tuviera que tomarme un café con la muerte, a pesar de estar consciente del infierno al que regresé.
No quería dejar de ver las nubes. Quería que alguien me mintiera, que me dijeran que todo iba a estar bien. Quería que tú me dijeras que me quieres, aunque fuera la mentira más grande del planeta. Quería una mentira piadosa, quería morir un poco más feliz, no quería morir sola. Por mi mente pasaron millones de ideas, de recuerdos, de cosas que no hice, de cosas de las que me arrepiento. Me arrepiento de haberme rendido tantas veces, de haber huido antes de sentirme realmente cansada. Me arrepiento de no decirle a mi madre que la amo, de haber alejado a tanta gente, de no haber conocido a más gente interesante, de no haber aprendido todo lo que pude, de aprender más de lo que debí. Me arrepiento de no haberme portado como estúpida un par de veces, me arrepiento de haberme olvidado tantas veces de decir "gracias", "perdón", "te quiero". Ten por seguro que si estás leyendo esto, es por que te quiero.
No quería dejar de ver las nubes. Quería que alguien me mintiera, que me dijeran que todo iba a estar bien. Quería que tú me dijeras que me quieres, aunque fuera la mentira más grande del planeta. Quería una mentira piadosa, quería morir un poco más feliz, no quería morir sola. Por mi mente pasaron millones de ideas, de recuerdos, de cosas que no hice, de cosas de las que me arrepiento. Me arrepiento de haberme rendido tantas veces, de haber huido antes de sentirme realmente cansada. Me arrepiento de no decirle a mi madre que la amo, de haber alejado a tanta gente, de no haber conocido a más gente interesante, de no haber aprendido todo lo que pude, de aprender más de lo que debí. Me arrepiento de no haberme portado como estúpida un par de veces, me arrepiento de haberme olvidado tantas veces de decir "gracias", "perdón", "te quiero". Ten por seguro que si estás leyendo esto, es por que te quiero.
Escribí esto el tres de septiembre. Mi intención no era que sonara bonito ni mucho menos, así que si tienes una crítica a cerca de gramática, sintaxis o cualquier cosa por el estilo, selecciónala, dale shift+supr y vuelve a leer el texto.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
