Fue extraño ver la vida evaporarse. La forma en que cambió de "órgano que bombea sangre" a "mi corazón". Hubiera sido más fácil no saber, simplemente pensar "el corazón late muy rápido" en lugar de "paro cardiaco o derrame cerebral en aproximadamente media hora". Me sentí como un suicida cayendo de un quinceavo piso, buscando detenerse antes de llegar al piso. Recordé el fragmento de una canción de Joaquín Sabina; "Cobarde, como un suicida sin vocación", y algo que escribí hace años que se titulaba "tómate un café con la muerte". Y valla plática la que tuve con ella esa media hora. Alguna vez pensé que sería interesante estar a punto de morir, pensé que sería divertido, tener una historia curiosa qué contar, pensé que me haría más interesante, más "madura". Creo que era precisamente ese encuentro el que me hacía falta para darme cuenta de que no sería de esa manera. Muchos me dicen que debería estar feliz de estar viva, y agradecerlo. Me dicen que no me han visto cambiar como se supone que se debería. Y sin embargo no es así. No me refiero a que hubiera preferido morir, pero tampoco lo contrario. El dos de septiembre, a medio día, con el corazón a punto de estallar, me aferré a la vida como nunca pensé que sería posible, como jamás me imaginé que pasaría si un día tuviera que tomarme un café con la muerte, a pesar de estar consciente del infierno al que regresé.
No quería dejar de ver las nubes. Quería que alguien me mintiera, que me dijeran que todo iba a estar bien. Quería que tú me dijeras que me quieres, aunque fuera la mentira más grande del planeta. Quería una mentira piadosa, quería morir un poco más feliz, no quería morir sola. Por mi mente pasaron millones de ideas, de recuerdos, de cosas que no hice, de cosas de las que me arrepiento. Me arrepiento de haberme rendido tantas veces, de haber huido antes de sentirme realmente cansada. Me arrepiento de no decirle a mi madre que la amo, de haber alejado a tanta gente, de no haber conocido a más gente interesante, de no haber aprendido todo lo que pude, de aprender más de lo que debí. Me arrepiento de no haberme portado como estúpida un par de veces, me arrepiento de haberme olvidado tantas veces de decir "gracias", "perdón", "te quiero". Ten por seguro que si estás leyendo esto, es por que te quiero.
No quería dejar de ver las nubes. Quería que alguien me mintiera, que me dijeran que todo iba a estar bien. Quería que tú me dijeras que me quieres, aunque fuera la mentira más grande del planeta. Quería una mentira piadosa, quería morir un poco más feliz, no quería morir sola. Por mi mente pasaron millones de ideas, de recuerdos, de cosas que no hice, de cosas de las que me arrepiento. Me arrepiento de haberme rendido tantas veces, de haber huido antes de sentirme realmente cansada. Me arrepiento de no decirle a mi madre que la amo, de haber alejado a tanta gente, de no haber conocido a más gente interesante, de no haber aprendido todo lo que pude, de aprender más de lo que debí. Me arrepiento de no haberme portado como estúpida un par de veces, me arrepiento de haberme olvidado tantas veces de decir "gracias", "perdón", "te quiero". Ten por seguro que si estás leyendo esto, es por que te quiero.
Escribí esto el tres de septiembre. Mi intención no era que sonara bonito ni mucho menos, así que si tienes una crítica a cerca de gramática, sintaxis o cualquier cosa por el estilo, selecciónala, dale shift+supr y vuelve a leer el texto.

2 comentarios:
La muerte es un beso de Dios. Como el verdadero amor no tiene miedo, sólo puedes amar realmente cuando has tomado un café con la muerte.
Un día contaré mis encuentros con ella... o por lo menos con mi miedo a ella.
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