25/7/09

Libertad

Libertad. No el tipo de libertad del que hablan los adolescentes. La libertad que tienen de llegar tarde a casa de sus padres, por ahí de las 10 de la noche. Su derecho a ser "rebeldes" y luchar contra el "sistema". La libertad de gastar en alcohol sus pocos centavos y descuidar estudios que no los llevarán a ninguna parte. No, yo hablo de algo muy diferente. Me refiero al tipo de libertad que solo conocen los bohemios. Alcohólicos perdidos que escriben cosas maravillosas. O a la libertad independiente que solo se conoce con la madurez, que muy pocos realmente alcanzan. Tampoco me refiero al tipo de madurez del que hablan las viejas percinadas amargadas, de esas que se escandalizan cuando ven a una pareja besarse en la calle. Pero no, no conozco la madurez, por obvias razones. No soy quién para hablar de ella, y mucho menos para hablar de la libertad. A veces pienso que ni siquiera existe, pero supongo que habría que replantear el problema; si realmente es ese sentimiento de independencia, el hecho de poder gastar mi tiempo y mis pocos centavos en lo que me venga en gana. No, yo no soy quién para hablar de la libertad. Soy sólo una crisálida de mariposa que intenta abrir alas que no tiene, que desperdicia el tiempo en pensar en madurez que tal vez ni siquiera es importante, que pasa las noches en vela preguntándose el sentido de una vida que quizá ni siquiera lo tiene.

No soy muy diferente a los adolescentes de los que hablé hace algunas líneas. Sin una decisión a cerca de mi destino o de mi estilo de vida, sin una dirección ni un mapa, y solo una vaga idea de lo que es la vida. Sin embargo tampoco creo ser la niña que muchos ven en mi. Tampoco tengo las alas de mariposa que deseo desde hace algunos años, ni la camioneta para vagar por el mundo, mucho menos el volvo s40 y la casa blanca. Tendría que replantearme también si es una o la otra la opción que realmente quiero, ya que si persiguiera ambas, ninguna de las dos tendría sentido. Es grande la diferencia, entre una soledad melancólica y voluble, y echar raices en la tierra; camuflajearse con la sociedad (suciedad). Tan grande como la diferencia entre un hippie y un capitalista. Tan grande como la distancia entre el cielo y la tierra, entre el paraiso y un infierno terrenal. Los dos son tan llamativos para mi como el aroma de las gardenias y los caprichosos colores de los tulipanes. Y tengo la libertad de escoger entre ellos, y ni la más mísera idea de lo que es la libertad.

No hay comentarios: