Hoy decidí que no quería seguir conviviendo con simios. Así que abrí mi msn y borré a poco más de la mitad de mis contactos. Mi pregunta es, ¿eso me hace una desgraciada? Conozco a alguien que seguramente me diría que es eso lo que hacen los lobos, y que yo soy uno de los pocos lobos que conoce. Yo no he leído el libro del que sacó esa definición, así que no tengo derecho de opinar (El lobo estepario, Herman Hesse). Suelo limpiar mi msn de contactos inútiles cada vez que siento que una etapa de mi vida está por terminar, o más precisamente, que necesito quitarme la carga de una etapa pasada para seguir avanzando. Uno de los contactos que más me costó quitar, fue ese que me dijo “loba”. Debo admitir que esta forma de vivir no es fácil. Una vez escribí en una entrada de mi primer blog que “la soledad es esa pantalla oscura que nos protege de la realidad”. Aún lo creo. Aún desecho a la gente como si fueran fichas intercambiables, los boto sin haber luchado por ellos ni un instante, la mayoría sin dudar de ninguna manera antes de hacerlo, aún cuando fueron de esos pocos que se suponía que estarían ahí “para siempre”. Haré cuentas, pero sin decir nombres:
A la mayoría jamás los conocí en persona, ni planeaba hacerlo cuando los conocí. A algunos otros los conocí porque me vi obligada. Estaban en el mismo salón que yo en la escuela y me pareció que sería interesante saber cómo pensaban mis compañeros de clases. Error. Jamás supe una palabra de casi ninguno. Sin embargo hubo otros, de esos mismos compañeros de escuela, de los que sí supe algunas palabras. No es que todas fueran interesantes, pero no puedo negar que me quedé con la curiosidad de qué habrá sido de ellos. Me cuesta trabajo creer que después de todos estos años haciendo lo mismo, siga siendo tan fácil deshacerme de gente que alguna vez supuse que era importante. ¿Eso significa que soy un reptil de sangre fría?
Uno de ellos, era un amigo que tengo desde hace un par de años. Había ganado el “premio” a humano que más tiempo llevaba hablándome. Lo conocí hace poco más de tres años, pero no antes del que tuvo el premio antes que él. Este “ganador” salió oficialmente de mi vida hace poco menos de dos meses. Y no me arrepiento, a decir verdad, de ninguno de los dos. Cada uno tiene su historia, no estoy segura de cuál sea más complicada, pero seguro una dolió más que la otra.
Ha resultado fácil para mí aceptar que la gente se va. Uno aprende a vivir en la soledad, a no acostumbrarse a la compañía que sabe con certeza que no siempre estará ahí. Sin embargo en algunas noches frías uno se pregunta cuándo acabará el maldito juego. Me pregunto muchas muchas cosas, si empezara una lista ahora acabaría demasiado tarde para bajar por un cigarro, pues ya todos estarían dormidos con sus respectivas cajetillas en sus burós.
A pesar de mi falta de interés en el mundo, hay dos personas por las que sería capaz de dejar de fumar y de desvelarme… y me gustaría tener el valor de decirles que agradezco que existan. ¿Será que es esa la razón por la que moriré sola? ¿Qué soy una cobarde?
A la mayoría jamás los conocí en persona, ni planeaba hacerlo cuando los conocí. A algunos otros los conocí porque me vi obligada. Estaban en el mismo salón que yo en la escuela y me pareció que sería interesante saber cómo pensaban mis compañeros de clases. Error. Jamás supe una palabra de casi ninguno. Sin embargo hubo otros, de esos mismos compañeros de escuela, de los que sí supe algunas palabras. No es que todas fueran interesantes, pero no puedo negar que me quedé con la curiosidad de qué habrá sido de ellos. Me cuesta trabajo creer que después de todos estos años haciendo lo mismo, siga siendo tan fácil deshacerme de gente que alguna vez supuse que era importante. ¿Eso significa que soy un reptil de sangre fría?
Uno de ellos, era un amigo que tengo desde hace un par de años. Había ganado el “premio” a humano que más tiempo llevaba hablándome. Lo conocí hace poco más de tres años, pero no antes del que tuvo el premio antes que él. Este “ganador” salió oficialmente de mi vida hace poco menos de dos meses. Y no me arrepiento, a decir verdad, de ninguno de los dos. Cada uno tiene su historia, no estoy segura de cuál sea más complicada, pero seguro una dolió más que la otra.
Ha resultado fácil para mí aceptar que la gente se va. Uno aprende a vivir en la soledad, a no acostumbrarse a la compañía que sabe con certeza que no siempre estará ahí. Sin embargo en algunas noches frías uno se pregunta cuándo acabará el maldito juego. Me pregunto muchas muchas cosas, si empezara una lista ahora acabaría demasiado tarde para bajar por un cigarro, pues ya todos estarían dormidos con sus respectivas cajetillas en sus burós.
A pesar de mi falta de interés en el mundo, hay dos personas por las que sería capaz de dejar de fumar y de desvelarme… y me gustaría tener el valor de decirles que agradezco que existan. ¿Será que es esa la razón por la que moriré sola? ¿Qué soy una cobarde?

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